El efecto que un beso con lengua tiene en el cerebro

27 octubre, 2017

El efecto que un beso con lengua tiene en el cerebro

¿A quién se le antoja uno?

El acto íntimo despierta neurotransmisores básicos que conducen al optimismo, la excitación y el bienestar, pero también a la ira.

El beso erótico, ese que provoca sensaciones encontradas como “escalofríos–calor”, y acelera el corazón, esconde un complejo mecanismo.

Un proceso que comienza en los labios, la zona del cuerpo que, a pesar de sus reducidas dimensiones, es junto con la yema de los dedos, la que mayor densidad de terminaciones nerviosas contiene, es decir, en su interior se esconden múltiples receptores con gran capacidad para percibir, explorar y transmitir información al cerebro.

El beso sirve como un primer examen del otro, un examen del que no somos conscientes.

Lo confirma un estudio de la Universidad de Oxford, realizado por Rafael Wlodarski y Robin Dunbar, que sugiere que ayuda a evaluar la idoneidad de la pareja.

También la científica Sheril Kirshenbaum, de la Universidad de Texas, una de las mayores expertas en la materia y autora del libro La ciencia del besar.

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Una cascada de hormonas

Cuando el cerebro, tras analizar toda esa información sensible, dice sí, en décimas de segundo, comienza a segregar una serie de neurotransmisores y los protagonistas del beso empiezan a notar sus efectos.

“Lo que percibimos de todas estas reacciones químicas depende del tipo de neurotransmisor, del porcentaje o equilibrio entre ellos y de las neuronas sobre las que actúan”, señala David Bueno i Torrens, biólogo e investigador de genética en la Universidad de Barcelona.

Es decir, dependiendo de cuál de ellos domine, sentiremos unos efectos u otros. Este experto describe cuatro neurotransmisores básicos que se despiertan con el beso: dopamina, que nos hace sentir placer y bienestar; serotonina, con la que sentimos excitación y optimismo, aunque también puede tener un efecto de ira y agresión; epinefrina, que aumenta la frecuencia cardiaca, el tono muscular y la sudoración, por eso sentimos calor y que el corazón se acelera; y la oxitocina, que genera apego y confianza.

Pero, además, se liberan otras sustancias, como el óxido nítrico, que relaja los vasos sanguíneos, provocando un incremento en el flujo sanguíneo del pene y, por tanto, la erección.

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O la feniletilamina, “una anfetamina potente y rápida que estimula el sentimiento de placer, por eso el primer beso de los adolescentes suele ser más intenso y apasionado”, explica el doctor Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos y autor del libro El planeta de los besos. Aunque el psiquiatra destaca que no solo ocurre en los adolescentes, según Gándara, también puede darse en adultos, “la clave reside en encontrar a la persona que despierte ese neurotransmisor”. / Créditos: El País